Tengo fe de que e
n el momento más oscuro puede surgir un nuevo amanecer con el que llevo soñando toda mi vida. Estamos inmersos en una crisis-estafa y, por tanto, esto no es una cuestión de izquierdas contra derechas, es de los de abajo contra los de arriba. Cuando los tiempos se ponen feos, la protesta se vuelve bella y necesaria. Por eso el miércoles 29-F acudí a la manifestación convocada por CCOO y UGT contra los recortes sociales y laborales. Iba comentando con mi amiga Lola que había mucha gente en la mani, pero que se echaba de menos a los parados y a los precarizados, pues debían ser ellos los primeros interesados en movilizarse. De pronto nos soplan la presencia de dos rostros conocidos y fijamos nuestras miradas en ellos: se trataban del alcalde visueño Manuel García y del diputado provincial Manuel Domínguez. Al unísono nos dijimos: “Esos no faltan, esos sobran aquí”. Los comentarios de los visueños que nos rodeaban no se hicieron esperar: “pero si estos son más pepistas que los del PP”, “desentonan tanto que parecen como gallina en corral ajeno”. Lo cierto es que resultaba cuanto menos pintoresco ver a dos enchaquetados entre tanto sindicalista de peto y entre gritos de “reforma laboral para la casa real”, “manos arriba, esto es un contrato”, “no falta el dinero, sobran los ladrones”, “hace falta ya una huelga general”, “gastos militares para gastos sociales” o “tenemos la solución, los banqueros a prisión”.
Es obvio que Manolo y Manuel obedecían consignas del PSOE y que no debieron de estar muy cómodos en ese ambiente, porque son rehenes de su política y de sus ideas y para asumir el rol de pescadores en río revuelto hay que echarle morros al asunto. Es el precio de la incoherencia. Los visueños que les vieron también estaban incómodos, pero con la presencia non grata de unos “compañeros” de viaje, que no de luchas, porque fueron vistos como el fiel reflejo de unos parásitos de la movilización y del descontento.
Y es que resulta cuanto menos incomprensible e inconsecuente -y no deja de tener su guasa adicional- que se manifiesten contra los recortes laborales y sociales quienes son fervientes partidarios de los tijeretazos en el ayuntamiento visueño; quienes se han mostrado como entusiastas defensores de la anterior reforma laboral que allanó el camino y modificó la legislación laboral para permitir el abaratamiento del despido y su subvención con fondos públicos, el descuelgue de los convenios, etc; quienes han ido incluso más allá que el propio decreto de Rajoy (20/2011) y se han aprovechado del contexto de miedo y crisis para sablear el bolsillo de los empleados municipales, mientras mantienen intacto el suyo; quienes son alumnos aventajados de las posiciones patronales más reaccionarias, porque desde hace tiempo vienen saltándose a piola el convenio de empresa, no reconociendo la antigüedad de los trabajadores, aplicando la movilidad sin tener en cuenta a la representación sindical o eliminando toda mejora de convenio a los más indefensos, en definitiva, han preconizado la paradoja de que nos apretemos el cinturón y al mismo tiempo nos bajemos los pantalones.
¡Tienen narices! Está claro que las reivindicaciones sindicales no son sinceramente sentidas por estos señores ni tampoco parece que sientan mucho los principios socialistas. Cualquier parecido con el socialismo en su política es pura coincidencia. Tienen una urna en la cabeza y sólo piensan en clave electoral. Para ellos todo vale, incluso el fariseismo político, con tal de conseguir votos. Son marxistas de nuevo cuño, pero no de Carlos, sino de Groucho: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.










